Sobre la definición del arte — Parte I

1. La dificultad de definir el arte

Empezando por reconocer que la interpretación de lo que es y no es arte —y lo que lo rodea— es uno de los conceptos con mayor variación y subjetividad que podemos observar. Este ha cambiado radicalmente entre épocas e incluso con posturas completamente opuestas coexistiendo en un mismo periodo y curiosamente todas aceptadas por alguien en algún momento como válidas. De este precedente se puede concluir primeramente que, si alguien quisiera aportar su propia perspectiva de lo que engloba el arte, ya sea para su definición personal, crítica o investigación formal, tendría que reconocerlo fundamentalmente como un concepto abierto, al menos en el sentido de percepción general.

Habiendo dicho eso, aun cuando fuese universalmente considerado de esta forma —admitiendo que no lo es así para todos—, me parece un ejercicio más que productivo tratar de explicarlo de la manera más concreta y delimitada posible, aunque resulte paradójico. Me refiero a que no le resta importancia al fundamento primeramente sostenido para que un concepto pueda o deba ser investigado, tanto para ser utilizado como una herramienta del lenguaje —en su cualidad de comunicar—, como para emplearse de forma aislada en forma de referencia personal para la comprensión del entorno. El propósito de este ensayo es comenzar a desarrollar mi propia interpretación sobre este concepto, inicialmente, con una aproximación ontológica —el ser del arte— y axiológica —sus criterios de valoración—.

2. Ontología del arte: inspiración, emoción y sujeto

Empezando con la parte ontológica, buscando contestar la pregunta de “¿qué puede ser considerado arte?”, tomo dos ideas históricas y filosóficas como punto de partida. Una de ellas, postulada por Platón, sostiene que el arte es una cadena de inspiraciones, y que tiene su origen primordial en lo divino; y la otra, la postura de León Tolstói, sobre que el arte es un medio para transmitir emociones de una persona a otra. Yo concuerdo parcialmente con ambas —y con algunas otras—, pero con algunos matices que desarrollo y otros que omito.

Regresando a mi primera forma de contestar la pregunta, propongo que el arte se crea con tres elementos fundamentales e indispensables: 1.inspiración —o una idea inspiradora—, 2. emoción y 3.un sujeto —o espectador—. La creación puede verse como un flujo que nace desde una inspiración; si aquella inspiración tiene una reacción en el sujeto principalmente emocional —y por lo tanto secundaria o nulamente racional—, en ese momento se puede catalogar aquello que produce la inspiración como arte. Ahí se crea el arte.

Ahora, en otra parte del flujo, cuando un sujeto produce algo con la principal intención de que aquello inspire emoción, aquello no solo también se vuelve arte, sino que el sujeto creador se vuelve artista. El factor clave aquí sería la inspiración emocional, pero con la muy importante acotación de la intención y de la magnitud con la cual es transmitido.

Cuando hablamos de cosas —usando el concepto abierto de “cosa”— que pueden producir una idea que inspire algo en alguien, podrían existir reacciones tanto emocionales como racionales. El punto es que cuando la proporción se recarga en mayor medida en lo emocional, ahí es cuando aquello se vuelve arte.

Inspiración emocional en el sujeto:

Inspiración → Emoción → Sujeto
(aquí la inspiración se vuelve arte)


Sujeto produce con inspiración emocional:
Sujeto → Emoción → Inspiración
(aquí la inspiración se vuelve arte y el sujeto se vuelve artista)  

3. El ciclo entre obra, emoción y artista

Aterrizando en la práctica el concepto con un ejemplo: una persona crea algo con la intención primordial de que ese algo transmita una emoción. Termina su creación y la creación, en ese momento, es arte; y, por tanto, él es un artista —definiendo artista como aquel que crea arte—.

Hasta aquí podría terminar un ciclo, pero resulta que este sujeto experimenta nuevamente su creación y siente que no le transmite emoción principalmente; le es indiferente emocionalmente y más bien la experiencia del contacto con esa creación es racional. Si no hay más sujetos para experimentar aquella obra, esta perdería su cualidad de arte y, asimismo, el sujeto perdería su condición de artista.

Por lo tanto, es indispensable la experiencia de un sujeto y la carga emocional que siente para poder mantener un estatus de arte sobre algo. Si no existe un sujeto para experimentar —en el presente—, no existe arte. Dentro de este razonamiento también se concluye que cualquier cosa puede ser potencialmente clasificada como arte siempre y cuando se cumplan las condiciones previamente explicadas.

La necesidad de establecer un flujo con dos comienzos distintos, parte de otra idea fundamental de esta propuesta: no es necesario que la inspiración inicial —aun cuando posteriormente sea convertida en arte— sea creada por un sujeto con intención de inspirar emoción; esta puede originarse en una experiencia parcial o enteramente natural y accidental, así como ajena a cualquier emoción en su origen.

4. Axiología del arte: el arte ideal

En este punto, esta definición de arte queda abierta y consciente de ello. Para poder llegar a conclusiones más concretas, no solo es necesario definir qué es potencialmente arte, sino cuál es el arte ideal: la axiología del concepto, para poder establecer una magnitud de valor entre el buen arte y el mal arte —que no deja de ser arte—; en otras palabras, emitir un juicio sobre el arte.

Tengo que reiterar la subjetividad que todos estos conceptos representan dentro de esta postura, y más aún en la siguiente parte.

Para continuar la explicación necesito introducir los conceptos de “positivo” y “negativo” dentro de un marco de juicio crítico. Cuando me refiero a que algo se juzga como positivo, significa que el sujeto que lo juzga encuentra en aquello valor, placer o ambos; y negativo cuando aquello lo cataloga con irrelevancia, desagrado o ambos.

Este juicio negativo o positivo evidentemente requiere que el sujeto pueda tener alguna experiencia teórica o empírica en la dimensión en la cual emita su juicio para poder categorizarlo. Tendría que conocer algo negativo para poder tener la referencia de clasificar algo como positivo, y viceversa.

5. Las tres dimensiones del juicio artístico

Regresando al punto, propongo tres dimensiones para poder juzgar correctamente al arte, las tres con la misma relevancia potencial para un juicio correcto, pero con diferentes complejidades cognitivas para analizar.

La primera y más básica es la sensorial: lo que los sentidos experimentan al estar en contacto con la obra de arte. La segunda es la emotiva: interpretación de las emociones que produce en el sujeto la información recibida. Y la última, más compleja y más racional, es la moral:  valores que representa para el sujeto aquella obra.

Cada una de estas dimensiones deberá ser juzgada por el sujeto como más o menos positiva y más o menos negativa según su propio criterio. Se tendrían que plantear entonces tres preguntas para determinar si una obra es buena:

¿Mis sentidos respondieron con una sensación positiva a la obra?

¿Las emociones que la obra produjo en mí son positivas?

¿Los valores que interpreto que la obra representa son algunos que yo mantengo en estima positiva?

El ideal de lo que puede llamarse una buena obra de arte será entonces, por esta definición, aquella que sea juzgada positivamente en las tres dimensiones por el sujeto que la experimenta.

6. Recapitulación de la definición propuesta

Enlistando todas las características que propongo atribuir al arte, estoy diciendo que el arte requiere ser experimentado directamente por un sujeto; también requiere que el resultado de esa experiencia tenga una carga emocional; que, para que un sujeto se convierta en artista, necesita una intención consciente de transmitir emoción; que para juzgar el buen arte se necesita un criterio tanto emocional como racional; que algo puede ser arte y no serlo al mismo tiempo, dependiendo de quien lo experimente; que es posible juzgar el arte con valores entre malo y bueno; y, que la subjetividad de la forma en que la experiencia del sujeto es percibida, es determinante para todas las anteriores.

7. Arte como lenguaje emocional

Viendo todas estas características reunidas para explicar el concepto del arte, me hace llegar a una conclusión: podríamos decir sobre le arte que, si no es literalmente una forma de lenguaje —sin llegar a profundizar en este otro concepto de tremenda magnitud—, sí tiene al menos una de sus características fundamentales, que es la transmisión de ideas entre sujetos.

Pero estas ideas son principalmente emocionales. Es universalmente apreciado el valor de la comunicación para compartir conocimiento en el desarrollo y prosperidad de cualquier sociedad humana, aunque esto tradicionalmente hace más referencia al conocimiento racional. Sin embargo, creo de igual relevancia compartir información emocional, y es precisamente en esto donde, dentro de esta definición de arte y de buen arte, recae su valor, siendo la existencia del arte algo fundamental e inevitable dentro de cualquier sociedad, siempre y cuando se mantengan las cualidades que le dan forma a la experiencia humana como las conocemos comúnmente.

Referencias bibliográficas:

Platón. Ion. En Diálogos. Madrid: Editorial Gredos.

Taine, Hippolyte. Filosofía del arte. Madrid: Editorial Espasa-Calpe.

Tolstói, León. ¿Qué es el arte? Madrid: Alianza Editorial.

Danto, Arthur C. What Art Is. New Haven: Yale University Press, 2013.

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